Seis prioridades para asegurar el futuro urbano de nuestras Ciudades.

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Por Ellis J. Juan

OPED published in El Pais, Madrid in 2016,  updated in September 2018.

Según la leyenda, Rómulo fundó Roma en el 753 AC tras matar a su hermano Remo. La historia del desarrollo de la ciudad como capital del Imperio Romano, sin embargo, dan cuenta de algo bastante mas complejo: una cuidadosa planificación a largo plazo que incluyó la construcción de infraestructura, conectividad con el resto de la región,  y la provisión de servicios públicos, a punto tal que para el Siglo III de nuestra era, ya la Ciudad contaba con 11 acueductos, la primera carretera regional conectando Roma con Brindisi (Via Appia),  y cuantiosos baños comunitarios, incluyendo las famosas Termas de Caracalla, y ¡más de un millón de habitantes!

La Ciudad Eterna puede dejar importantes lecciones para el futuro de las urbes de América Latina y el Caribe, que han venido creciendo fuertemente en las últimas décadas. ¿Seguirán nuestros centros urbanos expandiéndose como hasta ahora, sin un modelo de planificación urbana, desorganizadamente, generando todo tipo de problemas para sus habitantes? ¿O, con un ojo puesto en el pasado de Roma, intentaran migrar a un modelo de gestión más inteligente de una ciudad, en beneficio de sus moradores?  

¿Y qué es una ciudad inteligente? Es una ciudad que pone al ser humano al centro de la planificación, con una visión de largo plazo. Es aquella que incorpora las tecnologías de información y comunicaciones en la gestión urbana, y utiliza estos elementos como herramientas para promover la formación de un gobierno eficiente con participación ciudadana. Sobre esta base de uso “inteligente” de  tecnologías disponibles, se deben proyectar todos sus componentes: desde espacios públicos a  seguridad, educación, salud, vivienda, energía, empleo, transporte, esparcimiento, política fiscal, infraestructura, comunicaciones, servicios, tecnología y, por último pero no menos importante, la adaptación al cambio climático.

Nuestra región ya es una de las más urbanizadas del planeta: 8 de cada 10 personas viven en una zona urbana. Para el año 2050 serán 9 de cada 10 personas. ¿Qué debemos hacer para llegar en mejores condiciones a esa fecha? Estos son, a nuestro juicio, algunos de los tantos sectores, que deberían priorizarse:

SEGURIDAD

El crimen y la violencia son uno de los problemas que más preocupan a los latinoamericanos y caribeños. No es para menos: 42 de las 50 ciudades más violentas del mundo están en nuestra región. Sin embargo, algunas de ellas han logrado revertir la tendencia, trayendo mayor tranquilidad a sus barrios mediante el uso de técnicas policiales comunitarias, el análisis de estadísticas sobre delitos para detectar zonas de alto riesgo y personas más propensas a delinquir, y, en base a esa información, desarrollar programas de iluminación de zonas peligrosas, de incorporación de los jóvenes a través deporte, de formación de micro-empresarios, entre otros.

AGUA Y SANEAMIENTO

América Latina y el Caribe han avanzado mucho en materia de acceso a agua y saneamiento, especialmente en zonas urbanas. Aún quedan significativas brechas entre barrios más céntricos y periféricos, pero el gran desafío para las ciudades de la región, de cara a los retos del cambio climático, es el tratamiento de las aguas residuales. A nivel regional se estima que solo se trata el 18% de las descargas cloacales generadas. El resto se devuelve a los cuerpos de agua (i.e., costa, ríos urbanos, lagos), y acuíferos sin tratar. Hemos contaminado gran parte de nuestros activos ambientales más preciados, y si no hacemos algo a tiempo, nuestra fuente de agua se verá comprometida, y las generaciones futuras no podrán disfrutar de estos activos.

RESIDUOS SÓLIDOS

Recogemos más o menos el 50% de la basura que generamos, tratamos la mitad de los residuos sólidos que recogemos. A nivel regional solo estamos reciclando menos del 3% de lo que producimos. Reciclar basura es hoy día, un negocio lucrativo en ciudades importantes del mundo desarrollado. Con estas cifras de recolección, tratamiento, y reciclaje, es muy difícil migrar a una ciudad sostenible del punto de vista ambiental y climático, proteger nuestros activos ambientales, y tener una ciudad limpia, donde la basura en lugar de un problema se torne en una oportunidad de negocio y empleo.

MOVILIDAD

Es preciso migrar del modelo de ciudades para vehículos a un modelo de ciudades para ciudadanos, donde el ser humano sea el centro de la planificación de la movilidad urbana. Nuestro transporte público necesita ser más eficiente, tanto del punto de vista de calidad del servicio, como del punto de vista de su huella climática. Una ciudad con un tiempo de traslado entre hogar-trabajo-hogar de cerca de 4 horas diarias, no puede ser una Ciudad muy productiva, ni ese ciudadano, muy feliz. Esto actúa como un incentivo para aumentar la flota vehicular privada (principalmente con autos usados), lo cual a su vez, impacta la congestión y la generación de gases contaminantes. Si continúa creciendo la tasa de motorización, tendremos que construir más autopistas y avenidas en detrimento del espacio público, y del cambio climático. Es preciso integrar más los espacios públicos, promover la peatonabilidad, e incorporar más bicicletas en el modelo de movilidad, para rescatar el rol del ciudadano en la Ciudad.

CAMBIO CLIMÁTICO

Para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU y las metas del Acuerdo Climático de París, las ciudades latinoamericanas y caribeñas deberían comenzar hoy mismo a tomar en cuenta el impacto climático de sus obras de infraestructura urbana. Tanto del punto de vista de mitigación, ya que  serán las grandes generadoras de gases de efecto invernadero de las próximas cinco décadas; así como del punto de vista de adaptación, para poder tener resiliencia frente a los impactos del cambio climático (desastres naturales y otros). Para nuestros planificadores, el reto está en asegurar que las obras que se están preparando en la actualidad pueden contribuir a – o, al contrario, pueden socavar – la lucha contra el cambio climático.

FINANCIAMIENTO Y REFORMA FISCAL

Resolver los retos de los sectores aquí analizados, y además de ello hacerlo tomando en cuenta las implicaciones de cambio climático y la necesidad de migrar a una gestión inteligente de ciudad, requiere de mucha inversión. Estas cantidades de dinero necesitan ser financiadas a largos plazos para poder hacer posible su repago. A excepción de algunas ciudades capitales, las ciudades de nuestra región tienen una calidad crediticia débil, una alta dependencia de transferencias federales y escasa autonomía financiera. Los ingresos locales cubren apenas 30% del gasto municipal América Latina, contra un promedio de 60% en ciudades de países de la OCDE. En el BID sentimos que es preciso aplicar las tecnologías de información y comunicaciones en modernizar toda la gestión fiscal para poder mejorar el nivel de ingresos. Por ejemplo, es necesario utilizar tecnología satelital en la actualización de catastros, digitalizar el cobro de los impuestos, actualizar el cobro de tarifas de servicios públicos a niveles de recuperación de costes, etc. Esta es una de las áreas donde la gestión “inteligente” tiene más réditos financieros para la Ciudad. Sin acceso a financiamiento será muy difícil contar con ciudades sostenibles e inteligentes.

América Latina y el Caribe necesitan que sus ciudades se transformen en urbes inteligentes, con una visión de futuro, aprovechando su creatividad, su espíritu emprendedor y combinando los esfuerzos  del sector público y del sector privado para darle una mejor calidad de vida a su gente, reducir la exclusión, y por sobre todo mejorar las capacidades de estas ciudades en proveer empleos dignos a sus ciudadanos.


Ellis J. Juan

Es ex Director del Programa de Ciudades Emergentes y Sostenibles del Banco Inter-Americano de Desarrollo (2012-2016). Actualmente es Asesor Independiente de Organismos de Desarrollo en los sectores de Financiamiento de Infrastructure y Planificacion Urbana.

 

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