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Privilegios y Derechos.

Por Federico de Arteaga.

Transformar privilegios en derechos

Plan Ceibal Uruguay

 

El Plan Ceibal de Uruguay (2007) promueve la inclusión digital, con el fin de disminuir la brecha tanto respecto a otros países, como entre los ciudadanos mismos de Uruguay. Se basa en un sistema completo que busca garantizar la conectividad, el uso de los recursos tecnológicos, la formación docente y la elaboración de contenidos adecuados, además de la participación familiar y social. Sus principios estratégicos son: equidad; igualdad de oportunidades para todos los niños jóvenes; democratización del conocimiento; disponibilidad de útiles para aprender y un mejor aprendizaje —no sólo en lo que respecta a la educación que se imparte en la escuela, sino también en la posibilidad de aprender por sí mismos al utilizar la tecnología moderna. El plan se inspiró en el proyecto One Laptop per Child presentado por Nicholas Negroponte en el Foro Económico Mundial de 2005.

Privilegiar en general se asocia a una restricción de derechos de “los más”. Pero existen ámbitos de privilegio que no están reñidos con este concepto. Por ejemplo, la autonomía universitaria es un espacio de privilegio innegable; pero no restringe derechos, sino que los preserva.

Como tantas cosas es un tema de grado y de mayoría o minorías, y en el peor grado están los monopolios públicos y privados, donde los privilegios son decididamente anticompetitivos y anti inclusivos.

En temas de nuevos derechos como la conectividad y el acceso a internet, el logro de una conectividad universal es decididamente un privilegio convertido en derecho, que define una estrategia que se traduce en impacto.

Los impulsores de las ciudades inteligentes deberían recorrer ese camino de convertir en derechos los privilegios. Para ello, es preciso privilegiar durante cierto tiempo determinadas acciones, porque privilegiar también es enfocar, segmentar, decidir. Privilegiar acciones implica asignar recursos a un proyecto en forma sostenida, optimizar prácticas y realizar pruebas piloto, para después replicar y escalar. El tema es que no se eternicen los privilegios para unos cuantos.

Uruguay ha conseguido cerrar la brecha del privilegio convirtiéndolo en un derecho en lo que importa: en la conectividad, en el acceso a internet; y un derecho que es para todos es además un privilegio.

Cuando se realizan acciones que afectan a una comunidad, hay tiempos: tiempo de madurar los temas y tiempo de cosechar. Para eso hay que entender que, en muchos casos, el derecho es el final y no el principio.  Para generar los derechos, para universalizarlos, para conquistarlos, en algunos casos hay que probarlos primero: definirlos, y modelarlos de modo que no interpelen o anulen otros derechos, y que se definan con su otra cara de la moneda: sus responsabilidades. Hay que cuidarse de no caer en lo que decía Magris en su artículo sobre Tomás Moro, en “los ocios humanísticos”[1].

Ahí donde hay derechos debe haber responsabilidades, y no se puede jugar de un solo lado, pues el péndulo seguirá midiendo el tiempo, y éste será diferente para la gente que se queda afuera y la que se queda dentro.


[1] Magris. C. La historia no ha terminado. Anagrama. 2006.

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