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Comienzos y Orígenes.

Por Federico de Arteaga.

“Los orígenes se ocultan debajo de los comienzos”. Martin Heidegger

“Ulises sabía que el Mediterráneo existe para volver a casa”. Juan Villoro.

Uno puede quedarse siempre en el mismo lugar, o transitar años y luego volver. Una ciudad puede quedar estática y creer que es la misma, o  evolucionar sin perder su identidad. ¿Y ésta –la  identidad– dónde enraiza? En la Cultura (término de origen agrario) y en la Civilización (de origen urbano). Pero, si es identidad, debe referirse a otras culturas: no se trata de reafirmarse en uno mismo, sino en lo relativo de las otras culturas. Si lo que se está buscando en una ciudad es civilidad, entonces, como decía Octavio Paz[1]: “una civilización comprende diversas culturas y requiere un medio de comunicación entre ellas”. Así como el vegetal domina el tiempo y el animal el espacio[2], las culturas pueden simultáneamente contribuir a que las ciudades entiendan mejor su vocación y la cultura de modo que la gente viva mejor.

La cultura implica, por tanto, también contar con valores de uso además de conocimiento. Por tanto, en las ciudades el equilibrio entre estos conceptos debe ser el enfoque a seguir: ni Big Brother, ni el buen salvaje de Rousseau.  Porque las culturas ponen en contacto constructor para seguir innovando, y no recetas para ir copiando.

Como reflexiona Amartya Sen: “Tener un alto producto interno bruto per cápita pero poca música, pocas artes y poca literatura, no equivale a un mejor desarrollo”.

Las ciudades son sistemas complejos: laboratorios sociales que deben generar valor: a) social: generando confianza; b) humano: capacitando técnicamente y en valores; c) físico: generando infraestructura, y d) intelectual: generando conocimiento. Como expresa Bauman. Z. (2007), “sería un error imaginar los aspectos global y local de las condiciones y elecciones de vida contemporáneas en dos espacios distintos sellados de manera hermética que solo se comunican alguna que otra vez de modo superficial. No se puede tener una visión estática del territorio y la cultura local, ya que las localidades son construcciones dinámicas en ciernes”. El riesgo de este tipo de sistemas es que si los problemas crecen exponencialmente y la capacidad para optimizar la acción es lineal, el colapso está claro.

Por eso, más allá que las ciudades puedan ser categorizadas o “marketineadas” como resilientes, sustentables, inteligentes o “fast” (en vez de ser simplemente Tequila, Dublín o Montevideo), el futuro pasa por prevenir para no terminar siendo el “Saturno que devora a sus hijos” de Goya -las personas concretas- ni para seguir con la abstracción de las promesas, sino más bien logrando un sentido de proporción, un camino seguido por artistas como Caravaggio, Da Vinci, Torres García o Durero.

La cultura es, además, técnica, instrumentos y formas de mirar. Y las ciudades tienen vocaciones que pueden cambiar. Tequila, por ejemplo, ha pasado de tener una vocación industrial a una turística, y ello implica nuevas herramientas, nuevos desafíos. La inteligencia que tantos destinos quieren tener pasa por: a) consolidar la cultura local; b) interactuar con culturas diferentes; c) saber qué es lo clave para la ciudad; d) tener ciudadanos cultos y educados y e) una gobernanza activa y efectiva.

Hay que volver, por tanto, a los orígenes. ¿Por qué o para qué se están tratando de mejorar las ciudades? La respuesta debería ser unánime: para que los ciudadanos, los visitantes y los residentes vivan mejor y disfruten más,  y que las inversiones y la carga fiscal a los ciudadanos sean utilizadas con eficacia y eficiencia. No hay que perder de vista que un turista no es un residente, pero sigue siendo un ciudadano cuando visita un destino. Cómo se lo trata, lo que consume y lo que paga deja impuestos en la ciudad; camina y demanda servicios durante su estadía y, si vuelve reiteradamente, es porque el destino lo fideliza. Por ello, debe haber un comienzo, para todos, simultáneo y sistémico, y un camino a seguir para cada ciudad; un comienzo donde la presencia sea voluntaria y el anonimato posible, pero sobre todo la privacidad respetada: eso es el origen.

¿Cuándo sí? y ¿cuándo no? parecerían ser las preguntas clave a responder.

Ulises puede volver a Ítaca o quedarse en Troya.


[1] Hombres en su siglo y otros ensayos. Seix Barral.1984.

[2] La historia más bella de las plantas. Pelt, Jean Marie; Mazoyer Marcel; Monod Théodore y Girardon Jacques. 1999.

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