La innovación como elemento impulsor del desarrollo sostenible.

 

Por Juan Alberto González Piñón.

En el año 2000 la comunidad internacional a través de la ONU se propuso ocho metas de desarrollo vinculantes, el objetivo un mundo mejor, para el 2015 se pretendía erradicar el hambre y la pobreza, todo niño debía recibir educación primaria, se debía haber fortalecido el rol de la mujer, reducir la mortalidad infantil y mejorar la salud de las madres, así mismo se planteó mejorar la atención de enfermedades como el sida y la malaria, asegurar la innovación y el desarrollo sustentable a través de la cooperación en todo el mundo. Si bien al 2015 se manifestaron algunos avances relevantes como lo fue la cobertura de la educación primaria, también es evidente que la reducción de la pobreza como meta principal no se cumplió.

En el 2015 los objetivos de desarrollo sostenible (ODS) sustituyeron a los objetivos de desarrollo del milenio (ODM), fruto del consenso de 193 naciones convocados por la ONU,  en donde se trazaron cinco líneas muy claras para el 2030; personas, planeta, prosperidad, paz y alianzas, operacionalizadas en 17 objetivos.

De ello me referiré al ODS número 9, el cual establece la construcción de infraestructuras resilientes, capaces de promover la industrialización inclusiva y sostenible y fomentar la innovación.

En este contexto es de interés el preguntarnos ¿Cuál es el rol de la innovación en el desarrollo sustentable? Sobre todo, desde una realista del ¿por qué? la gestión de la innovación debe ser un componente transversal en el desarrollo social.

En el Foro Económico Mundial (2016), la Secretaria ejecutiva de la CEPAL, Alicia Bárcena señaló que en la región es impostergable incorporación de la ciencia, la tecnología y la innovación en los procesos de transformación productiva que detonen la diversificación del desarrollo económico y social. Nardo (2010) señala:

La innovación no puede ya analizarse con un enfoque, donde predomine sólo lo tecnológico y el mercado. Necesita ser tratada y desarrollada en un contexto transdisciplinario donde los aspectos organizacionales, científicos, tecnológicos, sociales y ambientales se vean de forma dialéctica” (p. 82).

El impacto social de los procesos de apropiación del conocimiento, no solo está definido con el avance de las nuevas tecnologías, también se encuentra estrechamente vinculado a su capacidad de transformación e interacción social con los diversos problemas y necesidades que enfrenta la sociedad.

La innovación pretende abordar el proceso de apropiación social del conocimiento a través del uso y aprovechamiento de los acervos científicos y tecnológicos en la construcción y aplicación de nuevo conocimiento hacia la atención de problemas sociales.

Las metas 9.4 y 9.5 de los ODS, evalúan la modernización de la infraestructura, la reconversión industrial, la utilización eficaz de los recursos, la promoción y adopción de tecnologías y procesos industriales limpios y ambientalmente racionales, el aumento de la investigación científica, la mejora de la capacidad tecnológica de los sectores industriales todo ello mediante el fomento a la innovación, impulsando un número creciente de personas que trabajen en investigación y desarrollo por millón de habitantes, así como el incremento de inversiones en esta metería por parte de los sectores público y privado.

Las investigaciones científicas y la producción de nuevas tecnologías son decisivas para lograr el desarrollo humano sostenible (DHS).

Ello es particularmente importante en un mundo acuciado por graves problemas ambientales y sociales que requieren ser enfrentados con el conocimiento científico y la adopción de nuevas tecnologías. (Castro, Gómez & Rodríguez, 2015, p.233).

El devenir histórico de la sociedad es un proceso de acumulación y generación de conocimiento, vinculado a la interacción del ser humano con el entorno. Este proceso de aprendizaje busca constantemente la construcción conceptual de la realidad, lo que permite el establecimiento de un pensamiento  racional, ligado a la  generación de nuevo conocimiento, la formación de habilidades y la creación de nuevos eslabones en el desarrollo histórico adaptativo de la sociedad, esta  vinculación entre el conocimiento expresado por los saberes tácitos e implícitos de un conglomerado social y los procesos de la investigación científica dan lugar al denominado conocimiento explícito. (Nonaka y Takeuchi 1999).

La investigación científica, permite no solo la ampliación y profundización en la explicación de los fenómenos que afectan el desarrollo de hombre en sociedad, también habilita la construcción de nuevos paradigmas de pensamiento en el quehacer humano, una de estas preconcepciones es hacer posible que este cumulo de conocimientos se traduzca  en el desarrollo de nuevos satisfactores económicos y sociales, transitando desde la invención, su materialización vía la producción (tecnología), hasta su comercialización (innovación).

Actualmente la responsabilidad en la generación de nuevo conocimiento científico, se encuentra asentado en diversas organizaciones, destacando de entre ellas a las Universidades y Centros de Investigación, esté conocimiento científico y tecnológico, es determinante para incrementar los niveles de bienestar de la población; también son fundamentales en la resolución de problemas sociales y de mercado, a través del desarrollo de la productividad y la competitividad. La investigación científica y tecnológica, desarrollada por las Universidades y Centros de Investigación no se reduce al ámbito económico, también se vincula con el ámbito social. Andreu (2016) refiere que la visión de la responsabilidad social se ha rezagado ante los avances de la tecnología, lo señala de la siguiente forma:

Me parece que el colectivo de la RSC sigue anclado en el pasado y no se ha dado cuenta de que la revolución digital exige un nuevo discurso, unas nuevas herramientas y unos nuevos dilemas a resolver. La robótica; la Inteligencia artificial; la capacidad de computación; la escalabilidad de algunas soluciones; el Internet de las Cosas (IOT); el uso y análisis de los datos; la biotecnología… todas estas realidades configuran un nuevo tipo de economía, de sociedad, de ciudades, de ciudadanos, de empresas, de mentalidad, de valores, de debates éticos… de todo. (p 78)

El deterioro ambiental, la pobreza, la desigualdad, la discriminación, la exclusión de sectores de la sociedad y  los derechos humanos, entre otros; son temas que ocupan un lugar importante en la agenda internacional. Gracias a ello, los gobiernos, empresas, organismos internacionales y de la sociedad civil emprenden acciones de manera individual o conjunta, para dar respuesta a esta problemática mejorando así la calidad de vida de los seres humanos.

Los ODS son la expresión más noble de la naturaleza humana, he implican una obra de gran envergadura que antepone la búsqueda del bien común y del bienestar de la humanidad sobre los intereses de explotación y extracción económica, este gran reto requiere de la participación de todos los actores de la sociedad y más aún requiere de ampliar las redes de colaboración entre las naciones y los distintos grupos sociales en la búsqueda por aprovechar el conocimiento a favor del bienestar.

Debemos de partir de la premisa que estipula que el desarrollo de vida humana en sociedad, está en función de las relaciones con el resto del conglomerado social; porque la vida tiene significado sólo en relación con los otros. A partir de ello podremos comprender mejor el supremo valor del bien común, en donde las personas en su búsqueda del bien individual, emulan el funcionamiento de los órganos en el cuerpo humano, buscando preservar la vida; es así como deberemos de comprender la supremacía del bien común sobre el bien individual.


Juan Alberto González Piñón.

Maestro en Ciencias de Comercialización de la Ciencia y la Tecnológica por el Centro Global de Innovación y Emprendimiento de la Universidad de Texas, Maestro en Ciencias en Administración por el IPN, tiene estudios y certificaciones en el IPADE, Babson Collage, EBC, OMPI, CAF, IPN y el BID. Candidato a Doctor en Innovación por la Universidad Anáhuac. En la Universidad Panamericana se ha desempeñado como Director del Centro de emprendimiento e Innovación, actualmente ocupa el cargo de Secretario de Vinculación de la UP; área desde la cual impulsó la creación del Centro de Patentamiento.

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