Las ciudades reales son sistémicas.

Photo by Adil Alimbetov from Pexels.

Por Federico de Arteaga.

Neri Oxman lo explicó perfectamente[1].

Existen dos culturas de diseño radicalmente opuestas. Una está hecha de miles de piezas de acero, la otra de un solo hilo de seda. Una de ellas es sintética, la otra orgánica. Una se impone sobre el medio ambiente, la otra lo crea.

Al menos desde la Revolución Industrial, el mundo del diseño ha sido dominado por los rigores de la fabricación y la producción en masa. Las líneas de montaje han dictado un mundo hecho de partes, encorsetando la imaginación de diseñadores y arquitectos entrenados para pensar sus objetos como articulaciones de elementos discretos con funciones distintas. Pero uno no encuentra ensamblajes de material homogéneo en la naturaleza, al ser ésta un sistema que transforma gradualmente su funcionalidad mediante variaciones de elasticidad.  Permite la fabricación aditiva –haciendo posible producir partes mediante la adición de material– en lugar de forzarnos a escarbar en ella: una ingeniería de materiales que permite diseñar el comportamiento de los mismos en alta resolución.

La naturaleza varía su funcionalidad no mediante la adición de otro material u otro ensamblaje, sino variando continua y delicadamente la propiedad material.

Donella Meadows[2], por su parte, expresa:

A menudo la parte menos obvia de un sistema es el determinante más crucial de su comportamiento.

Y Jonathan F. P. Rose, en su libro La ciudad temperada[3] ,concluye:

Si nuestras ciudades van a prosperar deberán evolucionar hacia un modelo de biocomplejidad.

Es hora de revisar el concepto Smart City: que viaje desde lo industrial hacia lo orgánico. A la fecha se la ha visto no como un organismo vivo, sino como un ensamblaje de sensores, tecnología, movimientos frente a cámaras. Si se analizan las “soluciones” tecnológicas, se puede ver que en la mayoría de los casos lo que proporcionan son registros y datos en tiempo real. Es decir: información redundante. Si ponemos un sensor, éste nos muestra un dato … Pero ¿dónde están las simulaciones, los modelos de negocio, la prevención y la integración de esos datos para generar información en dashboards que nos permitan agregaciones para toma de decisiones elegantes?

Por ahora la tecnología de las Smart Cities es más sorprendente que eficiente, más mise en scene[4] que mise en place[5].

En las ciudades reales la gente se opone o apoya, los gobernantes deciden o impiden, la sostenibilidad fiscal existe o es un mito.

De la receta a la cocinada, del ensamblaje al sistema. Las ciudades reales son complejas, no complicadas.


[1]https://www.ted.com/talks/neri_oxman_design_at_the_intersection_of_technology_and_biology/discussion?utm_

[2] Thinking in Systems. 2008.

[3] La Ciudad Temperada. 2018.

[4] Mise en scene es un concepto proveniente del ámbito de las artes escénicas y extendido al cine, para referirse al diseño global de los aspectos de una producción escénica o cinematográfica. No debe confundirse con el concepto, más específico, de diseño de producción.

[5] Mise en place. En el proceso de cocinado: permite visualizar, planificar y organizar la elaboración de los platos. Constituye un guión visual del plato que nos permite ser eficaces en la cocina, respetar los tiempos de cocinado de los alimentos sin agobios y estar atentos a lo que ocurre en cada paso de la preparación.

 

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Leer también

Close
Close
Close