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Smart cities, 10 retos tras 10 años “en alza”.

Photo by Daniel Xavier from Pexels

Por Jaime Gutiérrez Bayo.

Aunque, según algunos autores, el concepto de Smart city o ciudad inteligente ya existía en los años 50 del siglo XX, es en los últimos 20 años cuando se produce su progresiva implantación alrededor de todo el mundo tal y como lo conocemos hoy. Durante la última década, este fenómeno, que siempre se ha ligado a la sostenibilidad urbana, ha experimentado un gran auge multiplicándose las ciudades que utilizan esta etiqueta para crear un halo de modernidad a su alrededor siendo “las más innovadoras” de su entorno.

Los avances en materias como la movilidad, la prestación de servicios ambientales urbanos (sobre todo gestión de agua y de residuos), el comercio, el turismo o la administración electrónica son innegables. También, se ha logrado que la colaboración y el trabajo en red formen parte, como un pilar fundamental, del ecosistema de las ciudades inteligentes. Como prueba de ello, los cada vez más numerosos foros, jornadas y publicaciones que han proliferado en los últimos años auspiciadas por compañías, gobiernos y universidades, entre otros.

Sin embargo, esta corriente no sólo ha cosechado éxitos, enfrentándose en la actualidad, y de cara a la próxima década, con multitud de retos que yo resumo en 10:

  1. No todo es tecnología: a menudo se ha confundido lo “Smart” con lo tecnológico obviando el hecho de que en la resolución de los problemas urbanos la tecnología ayuda, y mucho, pero es sólo una parte del puzzle donde son las personas las que juegan un papel clave.

 

  1. Implicar a la ciudadanía: por desgracia, son muchos los casos en que una App o una utilidad no logra el éxito esperado entre la ciudadanía. Sin embargo, han sido muy pocas las ocasiones en las que los responsables de un proyecto de Smart city deciden preguntar a la ciudadanía no iniciada qué necesitan antes de crear herramientas.

 

  1. Los servicios urbanos: un servicio urbano, aunque parezca evidente, debe ser prestado antes de ser inteligente. Es incongruente que ciudades que ni siquiera garantizan el acceso al agua potable (y su depuración) o la gestión de los residuos sólidos urbanos de manera generalizada a sus ciudadanos inicie el camino hacia la Smart city.

 

  1. Integrar el enfoque metropolitano: el anteriormente citado trabajo en red, que considero un logro alcanzado durante estos últimos años por las Smart cities, siempre se ha desarrollado con más fuerza en las escalas nacional e internacional. Sin embargo, incomprensiblemente, dada la naturaleza de la mayoría de las problemáticas urbanas, que no entienden de fronteras municipales, la escala metropolitana ha sido la gran ausente siendo escasos los casos de éxito conocidos.

 

  1. Personalizar los proyectos: uno de los principales puntos débiles de las ciudades inteligentes, como corriente, es el “empaquetado” de proyectos. Si sabemos ya que los sistemas de gestión integral del agua urbana, o los planes de ordenación urbana nunca son directamente exportables y que deben ser adaptados a cada realidad local, pongamos nuestro esfuerzo para elaborar un traje a medida para cada Smart city.

 

  1. Alinearse con la estrategia: en términos marineros, es necesario conocer el rumbo antes de emprender el viaje. En las ciudades sucede lo mismo, es necesario disponer de un buen diagnóstico de la realidad (basado tanto en datos como en percepciones de la ciudadanía), planificar para el medio y largo plazo y, después, poner todos los medios para lograr los objetivos planteados. Los proyectos de ciudad inteligente, en cualquiera de sus formatos, deben integrarse en esa planificación.

 

  1. El triángulo ciudad-academia-empresa: pese al virtuosismo demostrado ya por ese esquema de colaboración en muchos casos como el de Santander, mi ciudad natal, parece que aún no se ha puesto en valor lo suficiente. Aquellas ciudades que logren la total fluidez entre las tres partes, y que dediquen recursos a ello, se convertirán, sin duda, en las Smart cities de referencia y, lo más importante, retendrán talento y mejorarán la calidad de vida de las personas.

 

  1. Contribuir a alcanzar los ODS: la implantación de la Agenda 2030 y el logro de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible asociados precisa de todos los medios a disposición de la humanidad. La disponibilidad de información y datos es, a juicio de muchos gobernantes, una de las claves del éxito[1]. Sin duda, todas las herramientas creadas en torno a las ciudades inteligentes pueden contribuir a ello.

 

  1. Ofrecer resultados (también) en el corto plazo: como cualquier política para cuya implantación sea necesaria la implicación directa de la ciudadanía, además de un planteamiento horizontal y colaborativo, es necesario generar credibilidad a partir de resultados tangibles, también para el corto plazo.

 

  1. Mejorar la calidad de vida de las personas: como bien dice Manu Fernandez en su reciente entrevista para la.network[2] el objetivo último de cualquier política vinculada a ciudades inteligentes debe ser cómo hacer que las personas vivan mejor. Durante la próxima década, es importante que cada Smart city reflexione y analice la información para ver si lo está consiguiendo.

 

Si todas las ciudades inteligentes hacen una reflexión, mejor colectiva, acerca de estos 10 puntos, y actúan en consecuencia, con toda seguridad asistiremos a una nueva generación de Smart cities realmente centradas en la ciudadanía y en satisfacer sus necesidades.

 


[1] “Mirando hacia el Futuro: Ciudades Sostenibles. Los Objetivos de Desarrollo Sostenible en 100 ciudades españolas” http://reds-sdsn.es/wp-content/uploads/2018/10/Informe-urbano-REDS-ODS-2018-parte-I.pdf

[2] https://la.network/el-objetivo-ultimo-de-cualquier-politica-vinculada-a-ciudades-inteligentes-es-como-vivir-mejor/?platform=hootsuite


Jaime Gutiérrez Bayo.

Licenciado en Geografía por la Universidad de Cantabria y Máster en Estudios Ambientales y Territoriales por la Universidad de Deusto. Posee  18 años de experiencia en el asesoramiento, diseño e impulso de políticas públicas en el ámbito de la sostenibilidad y la participación ciudadana. Ha trabajado en la Administración Regional y en la Universidad de Cantabria habiendo iniciado recientemente su actividad como consultor independiente en sostenibilidad y participación. Durante el último lustro, además de colaborar en la coordinación del Plan Estratégico de Santander 2020 y de redactar diversos documentos estratégicos, ha colaborado en proyectos internacionales, especialmente en Latinoamérica, y en distintos proyectos diseñados para Smart cities españolas: desarrollo de KPIs, control de calidad de servicios urbanos (agua y residuos) o metodologías para la implicación de la ciudadanía.

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