Analizando las smart cities.

Entrevista a Jaime Gutiérrez Bayo.

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¿Por qué las smart cities no han logrado contar con modelos de negocio definidos y rentables? ¿Cuáles han sido las causas?

Antes de nada, cabría preguntarse si ese era realmente uno de los objetivos de las Smart cities o no. Desde mi punto de vista, las smart cities, como corriente de gestión urbana, lo que pretenden es mejorar la calidad de vida de las personas a través de la mejora y optimización de los servicios urbanos. Y creo que poco a poco se va consiguiendo.

En ese contexto, ya existen multitud de casos de éxito donde la ciudadanía, sepa o no que vive en una Smart city, percibe mejoras en aspectos como el transporte, la gestión del agua o el acceso a la oferta turística o cultural. En muchos de esos servicios se han producido mejoras gracias a la generación y explotación de los datos, y eso ha permitido ahorros económicos importantes. Por ejemplo, una entidad que gestione el abastecimiento de agua de una ciudad inteligente debería generar (y así lo están haciendo muchas) importantes ahorros al disponer de información precisa sobre pérdidas, averías o consumos energéticos de las bombas necesarias. Ese ahorro puede ser, en sí mismo, un negocio.

Si pensamos en otro tipo de modelos de negocio es posible que alguien pudiera pensar que no están siendo tan florecientes pero esta es, de momento, una cuestión subjetiva que con toda seguridad podremos evaluar de manera más precisa a medida que se generen trabajos de investigación al respecto.

Las razones de esa hipotética escasez de modelos de negocio las podríamos encontrar en la propia evolución de la smart cities, dado que nos encontramos, prácticamente, al inicio de una etapa que podríamos denominar de réplica. Si en un momento inicial de esta corriente, pongamos que hace 10 o 12 años, las ciudades más atrevidas exploraban una concepción tecnológica de la ciudad inteligente, y experimentaban dispositivos y sistemas en multitud de campos, hoy ya se dispone de un amplio catálogo de experiencias que permiten elegir y adaptar soluciones ya testadas a los problemas específicos de cada urbe.

Los modelos de prevención para la sostenibilidad ambiental y social tampoco han tenido mucha visibilidad, ¿Por qué no es un tema primordial con la importancia que tienen?

En cuanto a los temas sociales, efectivamente no tienen el desarrollo y la visibilidad que sería deseable, probablemente porque en unos casos la cuantificación de los beneficios es mucho más complicada y en otros aparecen reticencias del sector público para hacer una “gestión abierta” desde el punto de vista del acceso a la información. No obstante, la propia sociedad está generando de manera autónoma cada vez más soluciones a su medida y creo que en los próximos años seremos testigos de ello.

Debido a mi formación y a mi carrera profesional, tiendo a analizar el fenómeno de las Smart cities buscando siempre utilidades para la ciudadanía y oportunidades para abrir y consolidar nuevas vías para la participación ciudadana. Creo que ese será el núcleo de los desarrollos Smart en los próximos años. De hecho, en España actualmente todos los grandes proyectos de ciudades o territorios inteligentes ya incluyen esa vertiente conscientes de que el éxito de estos proyectos depende de que sea la ciudadanía la que se apropie de ellos y los adapte a sus necesidades.

Nos podría compartir algún ejemplo de buenas prácticas en estos temas.

Lógicamente, siendo mi ciudad y habiendo estado implicado en proyectos como su Plan Estratégico 2020, la redacción de su Plan de Acción Turística 2015 – 2020 o la gestión inteligente del agua y de los residuos, debo empezar por Santander. Esta ciudad mediana de la costa cantábrica española fue, hace ya diez años, pionera en estas cuestiones logrando, a través de un proyecto de financiación europea, un despliegue de más de 10.000 dispositivos que la convirtió en uno de los pocos laboratorios a escala urbana completa. Actualmente, Santander ha incluido criterios de gestión inteligente en la contratación de los grandes servicios urbanos (Iluminación, transporte, agua y residuos entre otros) y está a punto de iniciar el proyecto “Smartcitizen” con una visión, evidentemente, mucho más ciudadana que en la fase inicial. Paralelamente, ha acometido soluciones inteligentes que no siempre han implicado un despliegue tecnológico intensivo. Por ejemplo, ha desarrollado soluciones de movilidad vertical en una ciudad con una población cuya edad media que va en aumento y que presenta importantes desniveles.

Medellín es otro de los casos emblemáticos que he tenido la fortuna de visitar y que me ha impresionado por la transformación que se está logrando. En su caso, también se trata de una transformación soportada en la mejora de los servicios públicos pero con un enfoque social muy acentuado que lucha por revertir la degradación sufrida tras décadas de violencia. La capital antioqueña se convirtió, según el concurso promovido por el diario estadounidense Wall Street Journal y Citi Group, en la ciudad más innovadora del mundo en 2013. Y no solo eso. En la ciudad se han desarrollado nuevos modos de transporte urbano que están sirviendo como palanca de integración para los más desfavorecidos, se han desarrollado e implantado herramientas para la mejora de la seguridad ciudadana (entre otras, apps orientadas a ese fin), se han creado múltiples herramientas para la gestión inteligente de la actividad turística y se ha conseguido un entorno creativo centrado en la innovación. Sin duda, Medellín es una de esas ciudades de Latinoamérica en las que se están generando los nuevos modelos de negocio ligados a las Smart cities por los que me preguntaban anteriormente.


Jaime Gutiérrez Bayo.

Licenciado en Geografía por la Universidad de Cantabria y Máster en Estudios Ambientales y Territoriales por la Universidad de Deusto. Posee  18 años de experiencia en el asesoramiento, diseño e impulso de políticas públicas en el ámbito de la sostenibilidad y la participación ciudadana. Ha trabajado en la Administración Regional y en la Universidad de Cantabria habiendo iniciado recientemente su actividad como consultor independiente en sostenibilidad y participación. Durante el último lustro, además de colaborar en la coordinación del Plan Estratégico de Santander 2020 y de redactar diversos documentos estratégicos, ha colaborado en proyectos internacionales, especialmente en Latinoamérica, y en distintos proyectos diseñados para Smart cities españolas: desarrollo de KPIs, control de calidad de servicios urbanos (agua y residuos) o metodologías para la implicación de la ciudadanía.

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