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La participación será efectiva ó no será.

Por Federico de Arteaga.

Demasiado se habla de la participación, en las empresas, por parte de la ciudadanía, todo debe ser participativo, los presupuestos, la visión y misión, las decisiones constitucionales, los programas educativos… todo.

Pensemos que en principio, no está mal, pero ¿esa participación es real?, o es un intento demagógico de validar temas que a priori están decididos, procesos que están avanzados, la socialización de problemas controversiales.

¿Es para diluir el accountability que debe asumir la gente que está liderando, la que está en cargos gubernamentales, o que sabe que esa validación lo exime de responsabilidad –o  al menos al implementar la idea o acción sugerida?

El participar implica saber de lo que se opina, conocer el contexto, los beneficios y los impactos, ya sean positivos o negativos, y con un mismo nivel de implicación y de responsabilidad sobre la decisión tomada.

La Real Academia Española le da distintas acepciones partiendo del latín participāre.

Participar es:

  1. Dicho de una persona: Tomar parte en
  2. Recibir una parte de
  3. Compartir, tener las mismas opiniones, ideas, que otra
  4. Tener parte en una sociedad o negocio o ser socio de
  5. Dar parte, noticiar

Por tanto, tiene más implicancias que el uso común del término.

Entonces participantes hay pocos, opinólogos muchos. Gente que opina sin ningún tipo de contexto, de todo y en todo.

Los acarreados de la opinión.

Que es necesaria la participación es obvio. Cuando las organizaciones o las empresas quieren generar un entendimiento común consultan a su gente –pero ahí es sobre su propio futuro, el futuro en la empresa en que participan. Pero tampoco debe ser sobre la definición de la estrategia organizacional sino sobre su entendimiento, y puede ser sobre su afinidad –o no–   con ella. Una vez más y como se ha dicho mil veces, “¿cuándo se vio a un general reunir a su ejército y preguntarles la estrategia en una batalla?”.

Poner o no un parque en un barrio es un ámbito lógico de participación de esos vecinos, pero no de otros que vivan en otra ciudad. Un referéndum sobre la libertad de prensa, o sobre determinados derechos humanos es un ámbito esencial de participación para todo el mundo. Mas si un aeropuerto debe ir en determinado lugar o en otro y se consulta a la gente, ello no es un ámbito participación ciudadana sino técnica.

Y no se trata de capacidad, inteligencia o grados académicos. Se trata de comprensión, de ámbito de ejecución y de nivel contextual sobre el tema. Hay temas simples: sí o no; y hay temas complejos multisistema. La verdadera participación es tener la gente que permita a los tomadores de decisiones tener un valor agregado de insight para su resolución.

En definitiva, que el llamado a la participación no se convierta en el llamado de la selva.

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