Cambio climático, factor que las Ciudades Inteligentes deben tomar en serio.

Por Korina Levy.

La pandemia ocasionada por el COVID-19 ha hecho evidente una realidad que no queríamos ver: la necesidad de sumar voluntades y efectuar cambios a todos los niveles; lo que abarca el desarrollo e implementación de soluciones en las llamadas Smart Cities o Ciudades Inteligentes.

Además, los seres humanos debemos tener una mayor consciencia en la forma en la que compramos, consumimos, viajamos e incluso interactuamos con otras personas, hasta la manera en la que nos desplazamos y formamos comunidades, porque además de la contingencia sanitaria, la humanidad enfrenta una amenaza que pone en riesgo su propia existencia y la de miles de especies que habitan el planeta: el cambio climático.

Cada vez son más frecuentes las noticias de desastres naturales y es una “normalidad” a la que no debemos acostumbrarnos. Bien dicen que dentro de la crisis hay oportunidad y esta pausa obligada nos ha ayudado a replantearnos nuestro papel, huella e interacción con este mundo.

Cada vez son más las personas que se han vuelto conscientes de esta realidad y han emprendido iniciativas para mitigar el impacto al medio ambiente, además de desarrollar soluciones tecnológicas que sean amigables y sostenibles con el medio ambiente.

La transformación no debe retrasarse un solo día más, y debe comenzar con los ciudadanos y permear en todos los niveles de gobierno, pero sobre todo en las grandes ciudades, donde vive más de la mitad de la población mundial, ya que estas urbes contribuyen con 70% de las emisiones globales de dióxido de carbono.

Los pavimentos o fachadas verdes e iluminación de las ciudades captada por celdas solares, los semáforos inteligentes, que permiten acelerar en 20% el tránsito de una zona determinada reduciendo, por consiguiente, la contaminación focalizada; son parte de la transformación y evolución constante de la gestión inteligente de las ciudades.

Asimismo, el uso de sensores también permite reducir el consumo de energía hasta en 40%, sin dejar de lado la utilización de vehículos eléctricos, que reducen significativamente las emisiones contaminantes, en tanto que la energía requerida por los negocios e industrias puede obtenerse por energías renovables, que ayudan a reducir los gases de efecto invernadero, al tiempo que se traducen en cuantiosos ahorros para las autoridades.

Estas tecnologías también pueden aplicarse a proyectos de infraestructura, sobre todo si se considera que los edificios consumen alrededor de 40% de la energía primaria.

Sin embargo, se requiere que estas tecnologías beneficien a poblaciones de todos los tamaños, aun cuando las grandes capitales generan 80% del PIB mundial, de forma que la urbanización no se vea como un beneficio para unos cuantos, sino como un área de oportunidad para las empresas.

La urbanización es, sin duda, uno de los retos más importantes para poder hacer frente a esta situación, con el plus de que los proyectos que se desarrollen a futuro deberán contemplar aspectos olvidados, como el distanciamiento social. Estamos por ver una revolución a todos los niveles. Habrá que capitalizar esta pausa que hemos sido obligados a tomar, la cual ha venido a cambiar todas las cosas.


Korina Levy

Licenciada en Comunicación por la Universidad Anáhuac del Norte. Periodista con experiencia en medios como Radio Fórmula, El Economista y Milenio Diario. Trabajó durante 7 años como editora de la sección Dinero en el periódico Excélsior. También cuenta con experiencia en agencias de Relaciones Públicas como ejecutiva de cuentas.

 

 

 

 

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