Es al destino donde va el turista.

Por Federico de Arteaga.

En el sector turístico todo el mundo está pensando en la vuelta. Los hoteleros, los restauranteros, todos preocupados por sanitizar, cambiar el layout, repensar las distancia, las medidas de seguridad. Y es lógico.

El tema es que la gente no va un hotel, a un restaurante, a menos que sea un “all inclusive”. La gente después de estar encerrada meses, lo que va a querer es sí seguridad pero espacio, caminar, comunicarse cara a cara, disfrutar la naturaleza, todo menos encerrarse.

Y ahí juega el Destino, y el Destino es también la gente, los residentes, y éstos, ¿cómo van a jugar?

¿Van a querer que vengan grupos, personas que no se sabe si están sanas o no? Van a juzgar por percepciones o por hechos?

El Destino por tanto debe ser el que debe dar confianza a todos, ser un Destino confiable, certificado, sostenible, regenerativo, inteligente.

Y tanto el Destino como los prestadores de servicios turísticos deben coadyuvar a ser un espacio de acción, pero sobre todo de prevención y empezar a rediseñar esos productos, esas “experiencias” de forma diferente, innovar, abrir espacios, buscar la percepción de amplitud.

La confianza residente – turista de que la existencia de un espacio común, público, cívico, permita generar un nuevo capital social.

Muchos turistas se preguntarán y en muchos destinos ha pasado que se ha destruido mucho capital, y capital humano, se ha ido gente experimentada, se ha destruido valor en conocimiento, si el Destino que conocían y los servicios que se brindaban seguirán estando, con la misma calidad y el mismo nivel de sofisticación.

¿Bajará la calidad en los Destinos – La gente tendrá ingreso marginal para viajar – Los empresarios para invertir – Los residentes podrán confiar?

Hay una herramienta para la confianza y es la Gobernanza. Si un Destino gestiona, gobierna, equilibra en forma público-privada-académica- civil las inversiones, las iniciativas, donde se perciba por parte de todos los grupos de interés que hay certezas.

Que se van a respetar las capacidades de carga, las densidades, se van a generar espacios públicos, que cada proveedor de servicios turístico es confiable, que la salud pública se respeta, y sobre todo que el Destino es más que cada proveedor y que sin lo territorial, sin el sistema los componentes aislados no darán la respuesta.

¿Se asignarán distancias?

En su libro “La Dimensión Oculta” de 1972, Edward. T Hall analiza el espacio personal y social y la percepción que el hombre tiene de él. Revisa las distancias en el hombre:

  1. La íntima (hasta 45 cm);
  2. La personal (de 45 cm a 120 cm);
  3. La social ( de 120 cm a 4 metros) y
  4. La pública (de 4 a 9 m metros); y la territorialidad: “es el comportamiento mediante el cual un ser vivo declara sus pretensiones a una extensión de espacio, que defiende contra los miembros de su propia especie”.

¿Habrán pasaportes digitales sanitarios?

¿Mamparas por todos lados?

¿Experiencias regenerativas?

¿El fin de la estacionalidad?

Todas son preguntas y palabras de 40 dólares.

Lo que seguro va a haber es un escenario pre vacuna y post vacuna.

Un Destino Inteligente debe analizar todo, estar seguro de su estrategia; actuar y contar con una revalorización de las relaciones sociales en su construcción de valor económico, tanto como capital social conectivo como cohesivo[1].

Acá está el turista, el residente, el cura y el taxista.

 


[1] El Triunfo de la Información. César Hidalgo. Ed. Debate. 2017. Conectivo: el que un individuo posee cuando sus pares no se conocen entre sí. Cohesivo: la capacidad tácita de un grupo de personas con interacciones recurrentes.

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