Entre el caos y la lepra.

Por Federico de Arteaga. Experto en Ciudades, Destinos Inteligentes, en Responsabilidad Social y Sostenibilidad.

El Caos no es nuevo.

Génesis 1

La creación: Cuando en el principio Dios creó los cielos y la tierra, reinaba el caos y no había nada en ella.

El Caos[1] es el estado primitivo de la existencia del que surgieron los primeros dioses. Según Hesíodo, el Caos fue el primer dios elemental antiguo en surgir en la creación del universo. Tras él surgieron Gea (la Tierra), Tártaro (el infierno) y Eros (el deseo que trae la vida).

Tanto la Biblia como la Teogonía hacen referencia al Caos como algo intrínseco al mundo.

La segunda ley de la termodinámica propone que en un sistema aislado sin ninguna interferencia exterior se da un incremento del caos y no del orden.

Todo tiende al caos, pero los sistemas no están aislados.

La teoría del caos es un campo de estudio fundamental dentro de las ciencias de la complejidad, siendo, a lo largo de los años y desde que el climatólogo Edward Lorenz la propuso formalmente a principios de los años 60, un paradigma, que ha supuesto importantes y profundos cambios en el estudio de diversos fenómenos. Con el caos, se consagra, por tanto, la idea de la no linealidad en la ciencia y, en general, se establece la enorme dificultad de predecir la evolución de determinados sistemas. En términos generales, la teoría del caos estudia la sensibilidad a condiciones iniciales de algunos sistemas, es decir, de aquellos sistemas en los que un pequeño cambio, puede generar grandes consecuencias. Matemáticamente, estos cambios siguen una dinámica no lineal (Cambel, 1999).

Durante las décadas pasadas, físicos, biólogos, astrónomos y economistas han creado una nueva forma de entender el crecimiento de la complejidad en la naturaleza. Esta nueva ciencia, llamada caos, brinda una forma de ver orden y regularidad  donde antes sólo lo aleatorio, lo errático, lo impredecible en suma, lo caótico había sido observado. James Glieck[3].

Imagen de https://revistacorrientes.com/pandemia-y-literatura.

Y las pandemias no son lineales, son parte del caos y las respuestas al caos deben ser un sistema, si no caótico, al menos, complejo.

Y la primera reacción al caos es orden y disciplina.

Foucault. M (1976) en su libro Vigilar y Castigar tiene claro que “la disciplina es por encima de todo un arte de distribución. Para controlar la propagación de la enfermedad la gente debe permanecer en su lugar y la peste se combate con orden”.

En otro de sus libros[4] Foucault dice “la lepra se retira, abandonando lugares y ritos que estaban destinados a mantenerla a una distancia sagrada, extraña desaparición ésta, que debe haber sido un resultado espontáneo de la segregación, del fin de las cruzadas, de la ruptura de los lazos…”

El desafío es cuánto control, cuánto estado, cuánta prohibición para que el vigilar y castigar no sean una vez más sinónimos.

Y por otro lado, cuánta ruptura, y sobre todo cuánta ordenanza estamos dispuestos a tolerar.

En Las Ciudades Invisibles, Ítalo Calvino nos pone frente al espejo: “(…) Es inútil decidir si ha de clasificarse a Zenobia entre las ciudades felices o entre las infelices. No tiene sentido dividir las ciudades en dos clases, sino en otras dos: las que a través de los años y las mutaciones siguen dando forma a los deseos y aquellas en que los deseos, o logran borrar la ciudad, o son borrados por ella.”


[1] Hesíodo. Teogonía. Siglo viii o vii a. c.

[2] Moncaleano, Carlos. (2018). Teoría del Caos y Estrategia Empresarial. Tendencias. 19. 204. 10.22267/rtend.181901.94.

[3] Gleick. J. (2012) Caos: La creación de una ciencia.

[4] Foucault. M. Historia de la Locura en la Época Clásica. FCE. 1967.

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