Los Precios Sombra y el Management de la Omisión.

Por Federico de Arteaga. Experto en Ciudades, Destinos Inteligentes, en Responsabilidad Social y Sostenibilidad.

La riqueza inclusiva debe medirse con precios sombra.

Partha Dasgupta[1]

Los precios sombra son como los pecados de omisión, capaz los peores de todos.

Un ejemplo claro de precios sombra son en lo ambiental.

El precio sombra de cada ecosistema está integrado por cuatro categorías de servicios[2]: de provisión, regulación, biodiversidad y culturales. Estos, a su vez, están integrados por subservicios.

Los servicios de provisión están conformados por alimentos, insumos materiales, agua dulce y recursos medicinales.

Los servicios de regulación por absorción de carbono, tratamiento de agua, erosión y mantenimiento del suelo, polinización y control biológico.

Los servicios de soporte por hábitat y mantenimiento de la diversidad genética.

Los servicios culturales por recreación y turismo.

La aplicación del enfoque ecosistémico en el que se incorpora el valor de los servicios ambientales:

“Por ejemplo, si un país obtiene una porción de su PIB de un recurso natural no renovable, como el petróleo, el ingreso que se obtiene de este recurso es temporal, pues éste se acabará cuando no haya más del recurso y podrá no estar siguiendo la definición de Ingreso Hicksiano (Hicks, 1976), la cual indica que: “el ingreso debe ser una cantidad tal que se pueda consumir sin empobrecerse”.

Al precio de bienes y servicios obtenidos de recursos naturales renovables también se le puede aplicar la definición de ingreso Hicksiano (1976), es decir, debe ser un precio que considere las externalidades negativas de la obtención de éstos, pues si las funciones del ecosistema se ven afectadas, éste no continuara proporcionando un flujo de ingreso constante. Por ejemplo, un bosque del que se obtiene madera: si se deforesta en exceso el bosque ya no cumplirá apropiadamente con otras funciones que ofrece y que no tienen precio como la absorción de carbono, diversidad biológica o filtración del agua ni mantendrá el flujo de ingreso debido a la obtención de madera.

Lo anterior se ilustra con el caso de una economía en desarrollo que obtiene, por ejemplo, el 8% de su PIB de exportaciones de madera (Martínez y Roca, 2012). Se supone que 3% de esa suma se basa en explotación sustentable y 5% en deforestación. Así que 5% del PIB se ha sobrestimado pues están acabando con los bosques”.

Estos ejemplos se pueden aplicar a los “activos dormidos” que generan bonos de carbono como las plantaciones forestales, de agave, sobre todos cultivos con ciclos medianos o largos, que a la fecha no se los ha valorizado desde el punto de vista de sus precios sombra.

Foto: Leobardo Padilla.

También se aplican a la contaminación fluvial o aérea, donde no se miden en general estos costos. Según el Índice de Sociedad Sostenible existe una correlación de – 0.84 [3] entre lo ambiental y lo económico que permitirían ver los impactos en la no medición de los precios sombra.

Si llegó la hora de avanzar en los ODS, en la medición de la huella de carbono, de los impuestos ambientales, es necesario analizar los precios sombra, los activos “dormidos” y contabilizarlos para darle relevancia al ambiente.


[1] Economics: A Very Short Introduction. Oxford Iniversity Press.2007. Partha Dasgupta

[2] Medición macroeconómica de la sustentabilidad ambiental en México: los precios sombra y la contabilidad ambiental. Tesis Andrea Ponce Nava. UNAM. 2015.

[3] Tesis. Impacto de la  Dimensión Ambiental y Social en la Dimensión Económica para Países de Europa; América y los BRICS. de Arteaga. F. (2020).

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