El Poder de la Ausencia

El Poder de la Ausencia

Por Federico de Arteaga. Director de Planeación en Grupo JB-Cuervo. Experto en Ciudades, Destinos Inteligentes, en Responsabilidad Social y Sostenibilidad.

¿Qué no hay en las ciudades?

Uno llega una ciudad nueva y empieza inmediatamente a hacerse preguntas, a mirar, a sentir, a percibir, a buscar datos, a opinar, a moverse, a ver a la gente. Pero la ciudad no es abstracta: es personal. Se ve la ciudad desde el propio punto de vista, desde las propias necesidades, aficiones, estados de ánimo, gustos individuales. Se pregunta instintivamente qué relación se quiere tener con esa ciudad … dónde caminar, hay mar o no lo hay, cómo conectar con eses lugar, con algo que resulte familiar –su espacio humano.

Y la ciudad debe poder contestar las preguntas básicas

Cerca de la casa: ¿Dónde puedo tomar un café? ¿Dónde comer, un supermercado? ¿Hay buen transporte público, es fácil moverse? ¿Hay Wifi abierto? ¿Dónde hay un pub? ¿Dónde hay una librería, un museo?

La gente: ¿Son jóvenes o viejos? ¿Es diversa u homogénea? ¿Qué dinámica tienen? ¿Cuál es la actividad principal? ¿Hay trabajo? ¿Hay entretenimiento? ¿Hay libertad?

Los datos: La escala, la población, la historia, los grados de pobreza y riqueza, la educación.

El sentir la ciudad: La percepción de seguridad, el ritmo, el clima, el olor y el color, la arquitectura, la estética, los ruidos, los espacios públicos, la naturaleza. 

¿Cuánto tiempo me quedaría?

Esa es quizás la respuesta que la ciudad misma nos debería ofrecer.

A qué da acceso, con quién se conecta, qué talento convoca y retiene, qué personalidad tiene.

Son temas de grados y de énfasis, y de maneras de ver el mundo, no de visas, ni de nacionalidades.  La gente decide ir a vivir a ciudades donde siente que la convivencia es posible, donde no importa de dónde se venga, pues esa ciudad será una segunda patria. Como dice Arturo Pérez Reverte «Una patria no es más que un lugar donde te encuentras bien”. Las ciudades son cada vez más los espacios de convivencia o de ausencia.

Nadie pregunta a la ciudad si es inteligente, las abstracciones vienen después; la ciudad debe contener primeramente estos temas, los cotidianos. Si no, poco importa si es digital, si es “fast”, o si la basura se recoge con drones.

Qué se le de al residente, al turista, a las personas; su lugar, su barrio, su lenguaje en la ciudad, su sentido de pertenencia.

Para quedarse, para poder estar. Como se quiera, con las opciones a la mano, con las oportunidades, con el ritmo de vida que cada persona decida llevar. Que la ciudad no se imponga.

Como decía Antonio Muñoz Molina de la huella de Viernes encontrada por Robinson Crusoe: “La huella del pie es la señal de que alguien ha estado en un sitio, pero que ya no está ahí. A través de la huella, de la sola imagen de la huella, consigues retratar la presencia”.

Y qué no encontramos en las ciudades es tan importante como lo que está a la vista.

La falta de respuesta es una respuesta.

 

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