Entrevista a Joxean Fernández.

Más allá de las Smart Cities, Fast, Future, Happy… ¿Cuál es la esencia de lo que se está buscando a nivel Municipal, cuál debería ser el impacto buscado?

Estos nombres funcionan como placebos. Son denominaciones farmacológicamente inertes, capaces de provocar un efecto positivo a corto plazo pero incapaces de transformar la realidad urbana. Parece que hemos vuelto a la época de los alquimistas que buscaban afanosamente la piedra filosofal. La modernidad está rendida en el altar de la tecnología.  Estos adjetivos caracterizan sobre todo estrategias comunicacionales,  pompa y circunstancia de lo efímero y lo banal. Las ciudades son personajes desorientados, en búsqueda de autor. Y en la encrucijadas en que se encuentran sucumben fácilmente a los vaivenes de la última moda. Fijémonos otra vez. Son adjetivos propuestos para calificar la ciudad: inteligentes, rápidos, con futuro, felices. ¿Quién no querría gozar de estos atributos? Más aún si los beneficios asociados a los mismos parecen caer del cielo como un maná providencial. Tenemos que recordar que la ciudad está hecha por personas y para las personas y que la infraestructura, también la infraestructura tecnológica, debe estar al servicio de los ciudadanos. No creo que haya recetas. Cada ciudad, cada territorio, es una experiencia única e irrepetible, con raíces muy profundas. No hay varitas mágicas para cambiar las cosas. Ahora vivimos nuevos desafíos. Hay una desigualdad material y una desigualdad simbólica. Lo importante es ser capaces de organizar una reflexión serena y lúcida sobre hacia donde queremos ir. Estamos discutiendo dos cosas: quién es el piloto de este viaje y cuál es el horizonte.

¿Qué no hay que hacer ante la inevitabilidad de un futuro tecnológico y urbano para no caer en como Ud. dijo en el Libro Tequila Inteligente, “el laberinto de las radiobalizas”?

Primero habría que desafiar el concepto de inevitabilidad. La inevitabilidad aturde, la inevitabilidad desmoviliza. El programa de la inevitabilidad es un mundo sin control democrático sobre los acontecimientos. La tecnología no es como la meteorología, tenemos que dotarnos de herramientas para retomar el control. La metáfora sobre el “laberinto de las radiobalizas” es una alerta sobre la pérdida de libertad, más inquietante cuanto menos evidente es. Afortunadamente está emergiendo un pensamiento critico con el potencial emancipador de la tecnología. A mi me gusta la idea de laberinto porque denota precisamente lo contrario de lo que estamos hablando: incertidumbre frente a certeza;  alternativa frente a camino único. La geolocalización permanente nos convierte en esclavos virtuales. La hiperconexión nos convierte en autómatas, encadenados a nuestro terminal inteligente. El desconocimiento de cómo funcionan los algoritmos que guían muchas de nuestras decisiones es una amenaza contra la que tenemos que luchar.  Huxley tenía más razón que Orwell.

Como los conciertos Unplugged ¿Qué hay que hacer en una ciudad para tener una versión a escala íntima?

Me gustaría volver a caminar por las calles de mi ciudad, de cualquier ciudad, sin linterna y sin mapa. Me gustaría recuperar la sorpresa y la posibilidad magnífica del extravío. Cuando uno se apoya en una muleta acaba necesitándola siempre.

La clave es la desconexión, desenchufarte de la red, recuperar el sabor del flaneur que camina por la vida pertrechado únicamente de su curiosidad por conocer, con los ojos limpios, sin legaña tecnológica que intermedie entre su mirada y la de la realidad.


Joxean Fernández

20 años de experiencia profesional en el diseño, gestión y evaluación de proyectos de cooperación internacional en América Latina y África. Specialties: Competitividad y desarrollo de clusters, internacionalización empresarial, innovación y desarrollo tecnológico, planificación estratégica, integración regional.

 

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